lunes, 25 de enero de 2010

King of flowers

And you may be acquanted with the night,
but I have seen the darkeness in the day,
and you must know it is a terrifying sight,
because you and I are living the same way...




Astronaut, Amanda Palmer.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Willkomen

Willkommen…

In der Dunkelheit!
In der Dunkelheit!
In der Einsamkeit!
In der Traurigkeit!
Für die Ewigkeit!

Willkommen
In der Wirklichkeit

Und wanderst du
Im tiefen Tal
Seid ihr bereit?

Und sei dein Dasein
Ohne Licht
Seid ihr soweit?


Fürchte kein Unglück,
Keine Qual
Macht euch bereit




Wiener Blut, Liebe ist für alle da, Rammstein.

martes, 24 de noviembre de 2009

Seremos libres

-No quería matarte... solo verte morir.

-¿Por qué?

-Porque entonces te hubiera querido.

-¿Sólo entonces?

Él la miró a los ojos.

-Creo que sí.

-No te mueras...-murmuró ella.

En sus ojos apareció un ligero rastro de sorpresa. La sangre que manaba de su rostro había teñido su cuerpo de rojo, y él había empezado a gemir de dolor.

-Yo maté a Kuniko...-dijo-, y a otra mujer que se parecía a ti. Al acabar con su vida, algo dentro de mí murió también. Por eso, al verte, pensé que no me importaría morir de nuevo...

Masako se quitó la parka para poder abrazarlo mejor. Tenía el rostro abotargato y amoratado, era consciente que debía de tener un aspecto horrible, pero no le importaba.

-Yo estoy viva-dijo-.No te mueras.

-Es demasiado tarde-repuso él casi aliviado. Su cuerpo se estremecía. Ella acercó su cara a la herida para examinarla. Era enorme y profunda; juntó su piel y la mantuvo unida-. Es inútil -dijo él-. me has seccionado una arteria.

Sin embargo, Masako se resistía a rendirse y seguía aguantándole la cara mientras la vida se le iba poco a poco. Volvió a mirar a su alrededor: se habían encontrado en ese enorme ataúd, se habían comprendido y ahora tenían que despedirse.

-¿Me das un cigarrillo?-le pidió él con un susurro.

Masako cogió los pantalones de él, sacó un cigarrillo del bolsillo, se lo puso en los labios y lo encendió. En pocos segundos quedó empapado en sangre, pero Satake logró extraer una delgada
columna de humo.

Masako se arrodilló frente a él y le miró a la cara.

-Te llevaré a un hospital.

Satake sonrió levemente. Debía de tener también algún tendón seccionado, porque su sonrisa no fue más que un movimiento apenas perceptible en la parte del rostro que no tenía bañada en sangre.

-La mujer a quien maté me dijo lo mismo... Debe de ser el destino...

El cigarrillo cayó de sus labios y chisporroteó en el charco de sangre. Satake cerró los ojos, se había abandonado a su suerte.

-Venga, vamos.

-Si vamos a un hospital, acabaremos en la cárcel.

Tenía razón. Si salían de la fábrica, todo el peso de la ley caería sobre ellos.
Satake empezó a sufrir convulsiones y ella lo abrazó con más fuerza. Cuando sus cabezas se juntaron, notó que su piel había comenzado a enfriarse.

-Me da igual -dijo ella-. Quiero que sobrevivas.

-¿Por qué? -preguntó él en voz baja-. Después de todo lo que te he hecho...

-Si te mueres, también yo moriré. No podré seguir viviendo.

-Yo lo he hecho.

Satake cerró los ojos.

Masako intentaba taponarle la herida y detener la hemorragia, pero él parecía estar cada vez más lejos. Finalmente entreabrió los ojos y le preguntó de nuevo:

-¿Por qué quieres que sobreviva?

-Porque te entiendo -respondió Masako-. Somos iguales, y quiero que vivamos los dos.

Cuando se inclinó para besarle los labios ensangrentados, él la miró con ojos serenos. Entonces, como si no estuviera habituado a hablar con esperanza, dijo con voz vacilante:

-Nunca lo había pensado... pero con cincuenta millones... Si lográramos llegar hasta el aeropuerto de Narita, quizá podríamos salvarnos.

-Me han dicho que en Brasil se vive bien.

-¿Me llevas contigo?

-Claro, yo tampoco tengo a dónde volver.

-Ni a dónde ir... ni a dónde volver... -dijo Satake. Masako miró sus manos ensangrentadas-.

Seremos libres -añadió en un murmullo.

-Sí, libres -confirmó ella. Él alargó el brazo y le acarició la mejilla, pero sus dedos estaban terriblemente fríos-. Apenas sangras -le dijo.

Satake se limitó a asentir con la cabeza, consciente de que Masako mentía.

Out, Natsuo Kirino.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Emptiness

"Only so much can be put in an empty box"

martes, 27 de octubre de 2009

Adolescencia.

Educados en el silencio, la tranquilidad y la austeridad,
de repente se nos arroja al mundo;
cien mil olas nos envuelven,
todo nos seduce, muchas cosas nos atraen,
otras muchas nos enojan, y de hora en hora
titubea un ligero sentimiento de inquietud;
sentimos y lo que sentimos
lo enjuaga la abigarrada confusión del mundo.

Goethe

martes, 6 de octubre de 2009

Amour

Die Liebe ist ein wildes Tier
Sie atmet dich sie sucht nach dir
Nistet auf gebrochenen Herzen
Geht auf Jagd bei Kuss und Kerzen
Saugt sich fest an deinen Lippen
Gräbt sich Gänge durch die Rippen
Lässt sich fallen weich wie Schnee
Erst wird es heiß dann kalt am Ende tut es weh

Amour Amour
Alle wollen nur dich zähmen
Amour Amour am Ende
gefangen zwischen deinen Zähnen

Die Liebe ist ein wildes Tier
Sie beißt und kratzt und tritt nach mir
Hält mich mit tausend Armen fest
Zerrt mich in ihr Liebesnest
Frißt mich auf mit Haut und Haar
und würgt mich wieder aus nach Tag und Jahr
Läßt sich fallen weich wie Schnee
Erst wird es heiß dann kalt am Ende tut es weh

Amour Amour
Alle wollen nur dich zähmen
Amour Amour am Ende
gefangen zwischen deinen Zähnen

Die Liebe ist ein wildes Tier
In die Falle gehst du ihr
In die Augen starrt sie dir
Verzaubert wenn ihr Blick dich trifft

Bitte bitte gib mir Gift



Amour, Rammstein; Reise, Reise

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Einsamkeit

Se removió intraquilo en su butacón de cuero, mirando nerviosamente por toda la habitación. Dirigió su mirada a la pantalla que tenía delante, que rezaba: "No tiene correo". Maldijo en voz baja, repitiéndose a sí mismo que todo estaba bien una y otra vez, como una plegaria. Abrió sus cajones uno por uno en busca de algo por hacer, pero no encontró nada. "Vamos, vamos" pensó. "Esto no puede afectarme tanto... ¿Qué es la soledad, si tengo dinero y una bonita casa en la que vivir? No necesito a nadie... a nadie...." Una risa nerviosa salió de su garganta, al principio casi muda, pero que fue subiendo de tono hasta llenar toda la estancia, convirtiéndose en la risa de un demente. "Todo está bien, todo está bien..." canturreó, levantándose, sintiendo como el asiento crujía cuando su espalda empapada en sudor se despegaba del respaldo.

Paseó por el despacho, observando la delicada y sobria decoración, todo colocado en su sitio, sin la menor imperfección. Las paredes estaban pintadas en un tono ocre, casi imperceptible a la leve luz que entraba de la ventana, y cubiertas de pinturas de las más prestigiosas galerías de arte, piezas que cualquier coleccionista habría envidiado. Observó a su vez todas las pequeñas estatuillas que adornaban las mesitas, así como la lujosa alfombra de piel de oso que descansaba en el suelo. En un pequeño rincón, pendían medallas y diplomas, todos a su nombre. Los miró con expresión vacía, sin sentir nada, pues todos aquellos bienes, que tiempo atrás le henchían el pecho de orgullo y alegría, para él no era ya más que vanos recuerdos sin sentido. Paseó su mano por la repisa de la chimenea, quedándose observando las frías cenizas que reposaban en el lecho de la cavidad. Así se sentía en esos momentos, como un fuego ya apagado y olvidado.

Y es que ya no le quedaba nada más que su tremenda soledad, pues había perdido a la única persona con la que contaba. La pena que sentía en aquellos momentos era algo indescriptible, tan doloroso como si algo le estuviera devorando las entrañas. Se llevó una mano al pecho, notando como este palpitaba dolorido. "¿Por qué...? ¿Por qué te has ido...?" Notó como los ojos se le inundaban de lágrimas, que recorrían sus mejillas incansablemente. Como si de un niño se tratase, cayó sobre sus rodillas, sollozando, llorando desconsolado. "No me queda nada..."

Minutos después, se calmó, enjugándose las lágrimas con decisión. Volvió a su sillón, sentándose en él, totalmente agotado, cansado de todo. Ni siquiera dejó una nota ¿Para qué? No habría nadie que la leyera. Con parsimonia abrió el último de sus cajones, el que siempre estaba cerrado con llave, y de él extrajo una bonita Glock del calibre 25, que acarició y mimó. "Bien vieja amiga... ¿Te parece si le haces un último favor a tu amo?"

Se la llevó a la sien, y cerrando los ojos por última vez apretó el gatillo. La estancia brilló ante el estallido del arma, pero después se apagó, así como la vida de su propietario.


Escrito por Luebke, 18/09/09